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Codependencia

Por: Patricia Garcés
2019-08-29 11:08:05
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Sountrack para esta columna: I don´t wanna cry de Mariah Carey:

Every moment we're together
It's just breaking me down
I know we swore it was forever
But it hurts too much to stay around”
 

Desde hace más de un año he estado trabajando intensamente en mí, observándome, conociéndome más profundamente, analizando cuidadosamente la relación que tengo conmigo misma y las relaciones que tengo con otras personas. Esto, a través de terapia y por qué no, del feminismo.  

Crecí, tal vez como muchas personas, sintiendo que no era merecedora de amor, que el amor había que “ganárselo”, que uno tiene que trabajar por él, que nadie te puede amar por el solo hecho de ser o existir, que tienes que demostrar que vale la pena amarte, que tienes que dar “algo” a cambio. Entonces, como niña hice lo que se me pedía y lo que me parecía correcto hacer: sacar buenas calificaciones, “portarme bien”, “no hacer ruido” pero sobre todo no dar problemas. La premisa siempre fue no dar problemas porque ya la vida de quien me cuidaba era MUY complicada, MUY difícil. Entonces yo mejor calladita y cooperando.

Seguí con este patrón en mi adolescencia y en parte de mi vida adulta. Yo sin dar “problemas” y los que me rodeaban presumiendo de mis logros y de lo “buena” que yo era. Pensaba que mi autoestima era alta porque tenía muchas cosas a mi favor, pero viéndolo en retrospectiva ahora entiendo que yo en realidad no me amaba a mí misma, permití, tolere, participe activamente en muchas relaciones codependientes, en donde las otra personas tomaban de mí y yo lo aceptaba. No era así con todos obviamente pero si con relaciones muy significativas para mí. Permití manipulaciones, violencia verbal, psicológica, que la otra persona fuera la “victima” y yo “la rescatadora”, no ser prioridad para la otra persona en la relación (aunque el discurso fuera el contrario pero los actos hablaran por si solos) y hasta infidelidades tolere (para quien este leyendo esto por el chisme y antes de que se hagan una película que no es, quiero aclarar que este rollo de la infidelidad NO lo viví con el papa de mi hijo). Todo en “nombre del amor” y en ser una buena amiga, una buena hija, una buena pareja, una buena persona. 

Este patrón en mi vida me llevo a sentirme sumamente infeliz a pesar de que “yo lo tenía todo” como muchas personas pensaban, a que mi vida era “fácil”, a que la pasaba bien todo el tiempo (verán ustedes, tengo este rasgo de mi personalidad en el que conservo el buen humor y las ganas de vivir (casi siempre) a pesar de todo, eso no significa que no esté mal por dentro). Había construido un laberinto del que no sabía cómo salir y para hacerlo tenía que romper con todo lo que había estado sosteniendo desde mi infancia.

No sé si les ha pasado pero cuando comienzas a romper con las relaciones codependientes que mantienes en tu vida, cuando empiezas a ver a la otra parte por quien realmente es, cuando empiezas a poner límites asertivos, cuando les regresas amablemente SU basura porque ya no necesitas eso en tu vida, las otras personas se pone bien locas. Pero BIEN locas. Hay mucha agresión de por medio, muchas “patadas de ahogado”, muchísima manipulación y victimismo. ¿Y adivinen qué? Se vuelve uno la MALA de la película. Eres la villana, la peor persona del mundo, eres una maldita que solo piensa en ti (¡habrase visto!). Si les contara la cantidad de veces que he escuchado en el último año y medio que soy mala, mala, mala, mala. Mala pareja (por no quedarme en una relación que ya no ofrecía nada para mi), mala madre (por quitarle “su familia” a mi hijo), mala hija (por no cumplir con las expectativas y lo que se espera de mi), mala amiga (por no querer confiar en quien solo me drena y no me da nada bueno), MALA.

Imagínense el shock, para alguien quien ha querido ser “buena” toda su vida ahora ser la mala. Tener que aguantar los ataques, los berrinches, el querer darte donde más te duele de las otras personas toxicas y tener que ser tu “el adulto”, a veces el único adulto presente en la habitación. Esta cabrón.  No ha sido fácil y me atrevo a decir incluso que ha sido y sigue siendo profundamente doloroso. Por otro lado, todo esto me ha llevado al punto de comenzar a amarme realmente por quien soy, de saber que mi valor no está en los ojos o en la opinión de otras personas (incluso de personas que se supone deberían de darte su amor incondicional, pero no), de levantarme cada vez más rápido cuando me caigo, de dejar de hacer cosas por personas que no las valoran, de no aceptar ya que me regalen la amargura, el dolor que los demás traen por dentro, no tengo por qué cargarlo y no quiero ya más cargarlo. Suficiente.

Ahora, déjenme les platico lo bueno de esta situación. En medio de este rollo he tenido puertos seguros a donde llegar, he conocido personas increíbles con las que estoy desarrollando relaciones SANAS donde se ponen límites y donde a veces ni siquiera es necesario ponerlos porque son personas CONSCIENTES de su forma de ser y actuar, donde se ofrece una disculpa cuando nos equivocamos, donde se reconoce cuando estamos fuera de lugar, donde se da y se recibe mucho, mucho, mucho amor. Mis amigas (ustedes saben quiénes son) que han estado conmigo, sosteniéndome a través de todo esto con todo el amor y la compasión del mundo, sin juzgarme. Mi roca (tu sabes quién eres) que ha estado para mí de una forma que jamás pensé que alguien podría estar. Mi primo adorado que con sus propias broncas y retos ha tratado de estar para mí a la distancia. GRACIAS. Sin ustedes no sé cómo podría transitar este camino por el que voy. 

Y finalmente, ahora sé que mi valor está dentro de mi simplemente por SER y eso ya nunca nadie me lo podrá quitar, que no necesito jugar el rol de la “buena”, que el adjetivo de “mala” ya no me duele.  Y que quien se quiera alejar de mi vida porque ya no estoy para cumplir caprichos ni caer en manipulaciones tiene la puerta bien abierta. Adelante.

Y así las cosas…



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Patricia Garcés

Reynosense. Licenciada en comercio internacional. Madre. #HomeSchoolMom. Sí, soy una de "esas feministas". Molestando a la humanidad desde 1976. Me gustan los perros y no entiendo la obsesión de las personas por los gatos, nunca me han dado confianza. 

Correo electrónico: pat1228g@gmail.com

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