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Axolowashing: menos de 40 ajolotes sobreviven por km2 en Xochimilco

Por: Administración
2026-06-08 21:00:47
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ANIMAL POLÍTICO. Pareciera que sonríe desde murales, aparece en campañas turísticas, forma parte del Tren Ligero y hasta abraza un balón de futbol en las estaciones del Metro de la Ciudad de México. A medida que el país se prepara para la Copa Mundial de 2026, el ajolote se ha convertido en una carta de presentación.  

Sin embargo, el anfibio enfrenta una realidad contradictoria: su hábitat y sus poblaciones permanecen bajo amenaza, quedando reducido a un término que los especialistas denominan como axolowashing, es decir, el uso de su imagen para estrategias publicitarias sin que se traduzca necesariamente en acciones efectivas para su conservación. 

De acuerdo con el Laboratorio de Restauración Ecológica de la UNAM, actualmente quedan menos de 40 ajolotes (Ambystoma mexicanum) por kilómetro cuadrado en el lago de Xochimilco y más de 15 mil chinampas abandonadas en la zona, espacios que son aptos como refugios para la especie gracias a su abundante vegetación y a las condiciones de agua fría que requiere para subsistir.   

El ecólogo Luis Zambrano González afirma que el ajolote encaja en la categoría de “especie bandera”, que son especies vulnerables y carismáticas (atractivas) usadas como símbolos para captar la atención del público, despertar empatía y conseguir apoyo o recaudación de fondos para la conservación del ecosistema. 

En México, existe el caso del flamenco rosa en la costa yucateca, el jaguar y la vaquita marina. Sin embargo, este concepto queda rebasado por el axolowashing en la Ciudad de México, un símil de greenwashing, una práctica mediante la cual las compañías se presentan como respetuosas con el medioambiente, pero no es así. 

“Se ocupa al ajolote como una especie símbolo de la CDMX, pero no hay una incidencia real en su conservación. En el lago de Xochimilco existían 6 mil ajolotes por kilómetro cuadrado en 1998, según un estudio realizado por la UAM. En 2014, el Instituto de Biología de la UNAM realizó un nuevo análisis y detectó 36 por kilómetro cuadrado. El Laboratorio de Restauración Ecológica de la UNAM está haciendo un nuevo censo entre el año pasado y 2026. Todavía no tenemos resultados finales, pero podrían ser menos”, comparte en entrevista con El Sabueso Diana Vázquez Mendoza, bióloga y maestra en Ciencias de la Sostenibilidad, quien también trabaja en el laboratorio. 

Chinampas y ajolotes, una relación necesaria para la conservación de Xochimilco

El Programa de acción para la conservación de las especies, de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) y la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), especifica que en el país existen 17 especies de salamandras del género Ambystoma, de las cuales 16 son endémicas de México y una (A. mavortium) comparte distribución con Estados Unidos y Canadá.

De las especies mexicanas, 15 están en alguna categoría de riesgo dentro de la NOM-059-Semarnat-2010: la Ambystoma mexicanum está categorizada en peligro de extinción, tres amenazadas y 11 como sujetas a protección especial.    

Puntualmente, el Ambystoma mexicanum —cuyos ejemplares silvestres son generalmente de color café oscuro, mientras la tonalidad rosada corresponde principalmente a variantes criadas en cautiverio— es una especie endémica y se encuentra en peligro de extinción desde hace décadas. Vázquez Mendoza explica que estos ajolotes son parte fundamental de Xochimilco debido a que son depredadores punta, lo que significa que controlan toda la cadena alimenticia del ecosistema. En otras palabras: ayudan a contener poblaciones de insectos y especies invasoras, contribuyendo a mantener un ecosistema acuático saludable para el cultivo.

“La simbiosis (relación entre organismos diferentes) entre las chinampas y los ajolotes ayuda a la conservación de Xochimilco. Por un lado, las raíces y la vegetación ofrecen escondites para que los animales escapen de depredadores introducidos. Por otro lado, los ajolotes funcionan como guardianes del ecosistema, el aumento de su población son señal de que el agua se mantiene limpia”, dice.   

De acuerdo con el portal de divulgación Ciencia UNAM, una de las principales características de las chinampas —terrenos artificiales de cultivo hechos a mano— es que suelen ubicarse en zonas lacustres. Su fin primordial es el de cultivar plantas, verduras y hortalizas que generalmente suelen utilizarse para el autoconsumo y mercado local. Tanto los anfibios como este sistema agrícola milenario necesitan de buena calidad de agua para sobrevivir.

Pero las circunstancias actuales no son tan favorables para el lago ni para este tipo de salamandra. Las poblaciones de los ajolotes se han degradado severamente en los últimos años debido a la invasión de especies exóticas como carpas, tilapias y lirio acuático, así como la contaminación por ganadería, agricultura y urbanización y, en general, la pérdida y fragmentación del hábitat.

“Cuando tengo mala calidad de agua, tengo una mala producción agrícola, esto provoca que se tenga una mayor competencia con el mercado, lo cual me produce menos dinero. Cuando no se produce lo suficiente, se suele abandonar la chinampa. Una vez que se deja esta labor se promueve la urbanización, entonces esto reduce la salud del ecosistema y repercute en la calidad del agua”, refirió el ecólogo Zambrano González.

Chinampas convertidas en sitios de recreación: espacios de fiesta o canchas de futbol

El programa de acción de la Semarnat indica que Ambystoma mexicanum tenía una amplia distribución en el Valle de México, en los lagos de Texcoco y Zumpango, pero ha desaparecido en esas localidades.

Un documento de la alcaldía Xochimilco de 2021 dio a conocer que en la demarcación hay 864 chinampas activas de 15 mil 864 existentes que abarcan una superficie de mil 059 hectáreas. Sin embargo, de las activas, solo en 47.7% se aplica al sistema chinampero, mientras que en 12.5% se han instalado invernaderos, 9.4% se usan para eventos sociales y como campos de futbol, 16% cuenta con pastizales y solo en 14.4% se usa el proceso chinampero tradicional (conserva técnicas históricas de cultivo asociadas al patrimonio agrícola del lugar). 

Hay chinampas en las que sus propietarios o poseedores hacen uso de altas concentraciones de pesticidas y fertilizantes, se lee en el texto. Sustancias negativas tanto para los cultivos como para el hábitat de las especies nativas, mientras que otras han sido convertidas en sitios de recreación, es decir, contrario a lo que la Unesco reconoció como valor excepcional para reconocer un Patrimonio de la Humanidad.

“Desde que Xochimilco fue declarado así por la Unesco, el sistema lacustre se urbanizó en un 15%. Una predicción con base en estos cambios, sugiere que de continuar con esa tasa de crecimiento este sistema terminará urbanizándose por completo en el año 2050. Los grandes proyectos comerciales, turísticos, de construcción habitacional o de vialidades también generan urbanización a los alrededores de la zona chinampera, expandiendo la mancha urbana”, menciona el oficio.

El ajolote rosa no representa al ejemplar silvestre más común

Según Horacio Mena González, coordinador de la colonia de ajolotes Ambystoma mexicanum en el Laboratorio de Restauración Ecológica de la UNAM, permanece una idea equivocada sobre su coloración. El ajolote rosa que suele utilizarse en materiales promocionales del gobierno de la Ciudad de México corresponde a una variante leucística o albina, pero no representa al ejemplar silvestre más común.

De acuerdo con el especialista, las variantes naturales reconocidas son cuatro: el ajolote oscuro o silvestre, el leucístico, el albino y el dorado. Muchas de las coloraciones llamativas que circulan actualmente en el mercado provienen de selecciones genéticas realizadas por criadores con fines comerciales.

“El color silvestre del ajolote mexicano es pardo grisáceo o verdoso. Esta tonalidad le permite camuflarse en el entorno y reducir el riesgo de depredación”, añade en conversación con El Sabueso.

La conservación de la especie tampoco es tan sencilla como liberar ejemplares en los canales de Xochimilco. El investigador menciona que cualquier reintroducción requiere protocolos estrictos, autorizaciones ambientales y años de seguimiento científico. Durante 2024 y 2025, el equipo realizó 24 introducciones controladas en refugios chinamperos para evaluar la supervivencia de los animales y las condiciones del hábitat antes de considerar liberaciones más amplias.

También advierte que el incremento de actividades turísticas, el tránsito constante de embarcaciones (trajineras) y las descargas de aguas residuales generan presión sobre los ecosistemas donde aún sobrevive la especie. Por ello, sostiene que la conservación del ajolote no puede limitarse a su uso como emblema cultural o turístico, sino que debe traducirse en acciones concretas para recuperar los humedales de la alcaldía.

Proyectos para rescatar a la especie y su hogar

En el Laboratorio de Restauración Ecológica, parte del Instituto de Biología de la UNAM, habita una colonia de entre 100 y 120 ajolotes que se mantienen a una temperatura menor a los 19 °C. Bajo el cuidado de especialistas, estudiantes y prestadores de servicio social, los animales reciben atención veterinaria permanente, alimentación y monitoreo constante mientras esperan el momento adecuado para regresar a los refugios chinamperos.

El objetivo no consiste únicamente en reproducir ajolotes, sino en prepararlos para sobrevivir en condiciones naturales. Por ello, algunos ejemplares se alimentan con charales, microcrustáceos y zooplancton, organismos que se encuentran en los canales de Xochimilco. La intención es conservar sus instintos de caza y favorecer su adaptación cuando sean liberados.

Los primeros reproductores de esta colonia provinieron de Xochimilco y fueron incorporados bajo un permiso oficial como Unidad de Manejo para la Conservación de la Vida Silvestre.

La liberación de los animales —como explicamos previamente— no ocurre de manera inmediata. Cada ejemplar participa en un proceso controlado que evalúa aspectos como ganancia de peso, crecimiento, alimentación y riesgos asociados a depredadores naturales como garzas y culebras de agua. Con esos datos, los investigadores determinan cuáles refugios reúnen las condiciones necesarias para recibir nuevos ajolotes.

“En promedio llegamos a tener entre 8 y 10 ajolotes enfermos. Son animales que se pueden dar de alta al siguiente mes, pero son muy sensibles al estrés”, apunta Horacio Mena.

El laboratorio también involucra a la sociedad mediante la iniciativa “Adopta un ajolote”, que permite a los donantes asignar nombre a un individuo y recibir información periódica sobre su estado. Los recursos obtenidos financian tanto el mantenimiento de la colonia como el trabajo de los chinamperos que colaboran en la conservación de los refugios.

A la par, el proyecto Chinampa Refugio trabaja con productores agroecológicos que adaptan espacios dentro de sus parcelas para mejorar la calidad del agua y crear condiciones favorables para la conservación del anfibio. Hoy en día, el programa colabora con 21 productores y realiza monitoreos constantes de agua, suelo y cultivos. Además, sus alimentos obtenidos se pueden obtener en ciertos puntos de venta bajo el distintivo “Etiqueta Chinampera”.

“El instituto te da algo que denominamos presupuesto operativo; es sumamente pequeño que alcanza para la colonia y otras cuestiones internas. Pero para otros proyectos el costo es alto. Tan solo crear un refugio para ajolotes son cerca de 600 mil pesos. Ahora darle seguimiento seis meses, pues es dinero que se le tiene que pagar a los técnicos de campo, mientras los chinamperos tienen que empezar a producir; es un ciclo”, indica Mena González.

Respecto a Chinampa Refugio, la bióloga Vázquez Mendoza asegura que en su momento el gobierno local apoyó el proyecto; sin embargo, “en la actualidad no sucede así. Ahorita estamos colaborando mucho con Conservación Internacional, que es un donante importante para poder establecer nuevas chinampas”.


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