ANIMAL POLÍTICO. Gerardo y sus compañeros del Centro Cultural y Artesanal Indígena Garibaldi se prepararon durante semanas para recibir el Mundial 2026. Practicaron inglés para atender a turistas, adornaron sus locales, compraron ingredientes para vender comida e hicieron actividades para atraer a la gente. Estaban listos para la fiesta, pero esta se les terminó antes de tiempo porque a mitad del torneo el gobierno de la Ciudad de México les retiró la megapantalla donde pasaban los partidos.
En el juego inaugural de México contra Sudáfrica, y luego contra Corea del Sur, la Plaza de Garibaldi se llenó a más no poder. “Ya no te podías ni mover”, comenta Gerardo, quien es presidente del Centro Cultural y tiene un puesto de comida en el tercer piso del inmueble. Las fotos y los videos que tomó desde lo alto le dan la razón, miles de aficionados se congregaron para ver a la selección y de paso comer y escuchar música de mariachi.
Gerardo dice que durante esos dos partidos de México tuvo ganancias de más de 7 mil pesos. Él y sus compañeros esperaban con ansias lo mismo para el tercer encuentro, pero un día antes del juego contra Chequia las autoridades de la Ciudad de México retiraron la pantalla que habían instalado junto a un kiosco. Argumentaron que esto se hizo por protección civil, porque el piso de la plaza está sobre un estacionamiento y hay riesgo de colapso ante la presencia de tanto público.
El 24 de junio, el día que México jugó contra Chequia, miles de personas llegaron a Garibaldi con gritos de apoyo, trompetas y banderas ondeando en lo alto. Cuando se dieron cuenta de que la megapantalla de la plaza había sido retirada, optaron por moverse a Bellas Artes o Paseo de la Reforma para ver el juego. La clientela de los restaurantes disminuyó y sus ganancias se vinieron abajo. Gerardo calcula que la noche de ese partido apenas ganó unos mil pesos, seis veces menos que en las ocasiones anteriores.
“Es solo una pantalla, pero reactiva todo el comercio local de la Plaza y de la periferia. Yo entiendo que las autoridades tomen algunas medidas de precaución, pero sí afectó bastante, no nada más a nosotros, sino a toda la periferia y a varios comerciantes”, dice Gerardo.
Hoy en día el Centro Cultural y Artesanal donde trabaja Gerardo está vacío. Es raro ver entrar personas para ver la ropa, los juguetes o los recuerdos que se venden. Los turistas que los comerciantes esperaban, y por los que tomaron clases de inglés, no aparecen. El área de comidas del tercer piso está decorada con papel picado, pero muy pocos clientes llegan. Solo utilizaron una parte de los adornos que compraron, lo demás prefirieron dejarlo en cajas.
“Sentimos que fue un esfuerzo en vano”, comenta el presidente del centro, quien al mismo tiempo invita a los turistas y nacionales a visitar la plaza, un símbolo de la capital por su música de mariachi: “Garibaldi está vivo y se debe hacer visible ante los ojos del mundo”.
El 25 de junio, un día después del partido contra Chequia, Gerardo y otros vendedores fueron a una junta del Consejo Ciudadano, donde hay representantes de las secretarías de Cultura y Turismo de la ciudad, e hicieron una contrapropuesta para reinstalar la pantalla en la calle República de Honduras, aledaña a la plaza, pero su petición no fue atendida. Luego metieron escritos a la Jefatura de Gobierno y la Secretaría de Gobierno para tener otra pantalla, pero tampoco les respondieron.
La decepción ha sido mayor porque, asegura Gerardo, previo al arranque de la Copa del Mundo las autoridades de la Ciudad de México aseguraron en otra junta del Consejo Ciudadano que Garibaldi tendría cinco festivales futboleros, en donde habría actividades y se transmitirían todos los partidos de la Selección Nacional.
Con el retiro de la megapantalla también se fue la promesa de los festivales futboleros. Muchos comerciantes ni siquiera recibieron una explicación de por qué ya no se transmitirían los partidos ahí. Unos solo se enteraron de que su televisor gigante, aquel que sirvió para aumentar sus ventas, terminó instalado en Bellas Artes, otros supieron que en Paseo de la Reforma. En realidad no hay certeza de a dónde se lo llevaron.
Los negocios de Garibaldi dan cuenta del fin de su fiesta futbolera. “Los días que tuvimos turismo fue porque nos pusieron una pantalla, los dos primeros partidos de México la verdad sí tuvimos muchísima gente, muy buenas ventas, pero nos la quitaron y han bajado las ventas”, señala Verónica Fuentes, propietaria de la pulquería La Hermosa Hortensia.
Verónica estima que en los primeros dos partidos de México tuvo el triple de clientes que un día normal. El día de la inauguración del mundial, que cayó un jueves, La Hermosa Hortensia abrió sus puertas a las nueve de la mañana y cerró hasta las dos de la madrugada del viernes por la afluencia de gente, algo que solo suele suceder los fines de semana.
La dueña de la pulquería, un negocio familiar que abrió en 1936, pide a las autoridades ayudar a Garibaldi en los días que restan del Mundial para reactivar la economía: “volteen a ver a Garibaldi, es un lugar también turístico y la verdad ahorita nos dejaron sin nada”.
Aunque los trabajadores de Garibaldi se beneficiaron del Mundial de Futbol, en realidad el crecimiento de sus ganancias solo se dio en los dos primeros partidos de la Selección Mexicana contra Sudáfrica y Corea del Sur.
La tarde del jueves 2 de julio, cuando se realizaron los partidos de España contra Austria y Portugal contra Croacia, Garibaldi lucía vacía. Pocos extranjeros y mexicanos acudieron a ver a esos equipos que cuentan con algunos de los mejores jugadores del mundo.
Edith Gómez, dueña del restaurante Los Mochis, acepta que previo al arranque del Mundial 2026 esperaba un aumento significativo de sus ventas, pero no solo durante los partidos de México, sino en general en todo el torneo, algo que no ha ocurrido.
“Este lugar es emblemático y como es turístico pensamos que iba a haber más turistas. Sí los hay, pero no tantos”, explica Edith. El retiro de la megapantalla de nuevo aparece como el factor que tumbó sus ventas. “Posterior a que se quitó, la verdad la gente nada más pasa y se van al Ángel (de la Independencia) o al Zócalo”.
El negocio de Edith se encuentra sobre la calle Honduras, aledaña a la Plaza de Garibaldi. Es en esta vialidad donde los comerciantes propusieron reinstalar la megapantalla, ya que es un lugar seguro para los aficionados porque está en piso firme, no hay estacionamiento debajo.
Otro comerciante de la misma calle, quien prefirió hablar bajo anonimato, recuerda con alegría el partido inaugural del Mundial. “Yo nunca había visto la plaza así de llena”, señala el trabajador que tiene su negocio desde hace cinco años en el lugar.
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Al igual que sus compañeros de la zona, pide al gobierno capitalino reconsiderar la instalación de una megapantalla para el partido de octavos de final de México contra Inglaterra, y en general para el resto del Mundial.
“Estaría excelente que pudieran poner la pantalla, que la pudieran reubicar. Es poco tiempo de aquí al domingo, pero sí estaría interesante que pudieran considerarlo por lo menos”.