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México es eliminado del Mundial por Inglaterra al caer 3-2

Por: Administración
2026-07-06 11:56:44
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LA JORNADA. Desde el Mundial de 1986, México arrastra su propia mística de la derrota. Una herencia que se repite como un mantra circular: clasificar siempre a la antesala de la gloria, para luego desplomarse ante cualquier rival. A excepción de Qatar 2022 –donde no superó la fase de grupos–, la selección hizo de los octavos de final su propia barrera sicológica. En la última función del estadio Azteca, iluminado por las luces de una tormenta eléctrica que demoró 60 minutos el comienzo, Inglaterra demolió la esperanza de todo un país con el 3-2. La diferencia fue suficiente para citarse con Noruega, en la instancia de los ocho mejores, y dejar a más de 80 mil aficionados mirando en silencio los restos de su propio naufragio.

En sólo dos jugadas del primer tiempo, la maquinaria inglesa despertó a los locales de una ilusión gigante. Jude Bellingham corrió el campo en un contragolpe, inmune a la altitud de la Ciudad de México y la velocidad de la pelota, vio el centro de Bukayo Saka y se lanzó de palomita para mandar el balón pegado al poste (36). Un par de minutos después, Harry Kane retrasó una pelota en el área y el propio Bellingham entró casi cayéndose, venciendo la estirada del arquero Raúl Rangel. Dos ataques, dos goles. Entonces, el silencio que bajó de las gradas no fue el de la sorpresa, sino el del reconocimiento. El monstruo familiar, ese viejo conocido, había vuelto.

Aquella pregunta –¿Y si sí?– que durante días impulsó celebraciones multitudinarias en el Ángel de la Independencia desapareció en el acto, transformándose en el ya conocido “Sí se puede”, frase que en México no es una arenga, sino un epitafio. Desde el fondo del estadio emergió el grito homofóbico (¡eeehhh, puuuto!), lanzado contra el portero inglés. El árbitro miró hacia otra parte, pero con el tiempo cobró la fuerza de la resignación. Justo al filo del descanso, Julián Quiñones, el delantero nacido en Colombia que eligió naturalizarse mexicano, cazó un rebote en el área y metió un derechazo feroz que infló la red. Fue como inyectar sangre en un equipo que ya se veía superado.

Gritos desesperados

Hubo después una tarjeta roja para el inglés Jarell Quensah por una plancha sobre Jesús Gallardo, un amago de golpes junto a las bancas, los gritos desesperados de los técnicos, el VAR dictando sentencias en la pantalla gigante y la lesión de Santiago Giménez. Pero el destino tiene un guion rígido. En el segundo tiempo, Pickford mandó un despeje larguísimo, un balón que superó a los centrales mexicanos. Anthony Gordon corrió a la espalda de Johan Vásquez y Rangel salió tarde, torpe, atropellando al atacante. Penal. Harry Kane tomó la pelota. Caminó hacia el manchón del área con la tranquilidad de un verdugo y puso la pelota lejos, inalcanzable a la derecha de Rangel.

A pesar de la desventaja, el orgullo del anfitrión se negó al fracaso antes de tiempo. Kane pateó a Brian Gutiérrez en su propia área, el VAR llamó de nuevo y Raúl Jiménez convirtió el penal de la ilusión (68). El 3-2 fue apenas un amortiguador para el golpe, una dosis de anestesia para un pueblo que ha hecho del sufrimiento un rasgo de identidad. Cuando el partido terminó, los más de 80 mil aficionados se quedaron mirando la cancha vacía. Fue la última función del Mundial en el Azteca. Ahora, el torneo se muda a Estados Unidos, a los estadios con aire acondicionado donde Gianni Infantino, el presidente de la FIFA, espera para entregar la Copa junto a su amigo Donald Trump.

Una fiesta incompleta

Cerca del mediodía, el futuro parecía una fiesta de colores primarios: aficionados que bailaban el son jarocho, danzantes sobre el pavimento caliente, un mariachi que desafiaba al cielo de la colonia Santa Úrsula. Después, vino el cielo negro. El Servicio Meteorológico Nacional ya lo había advertido el viernes, pero nadie quiere creer en las catástrofes hasta que las tiene encima. Un cartel electrónico color amarillo encendió la alerta: “Protocolo de tormenta eléctrica activado. Favor de ocupar sus asientos”.

Mientras las calles aledañas se transformaban en corrientes de agua, la gente apretó el paso bajo los rayos. Compraron impermeables plásticos de 50 pesos que apenas cubrían el frío y se aferraron a la liturgia. En los centros de prensa, la actividad eléctrica apagó las pantallas. Sin embargo, afuera, en los charcos que dejaban pantalones y calcetas empapadas en la estación del Tren Ligero, la ilusión siguió intacta: “Inglaterra va a probar el chile nacional”, cantaban, con esa fe ciega del que no tiene nada que perder.

Entre la masa, los revendedores, con los rostros hundidos en capuchas, ofrecieron entradas por 100 mil pesos: “Es trato seguro, se los puedo mostrar”. Cuando el árbitro austriaco Alireza Faghani dio la orden, las banderas tricolores puestas en cada asiento se agitaron como un solo cuerpo. El Azteca, el templo absoluto de los mundiales, registraba cuatro victorias, ocho goles a favor y ninguno en contra –además de un invicto histórico en los torneos de la FIFA– hasta antes de que llegaran los ingleses a recordar de qué está hecha la realidad.

“Hoy no pudo ser”

Por su parte, Javier Aguirre terminó su etapa en el futbol como entrenador de la selección mexicana; es la única certeza que tiene mezclada de tristeza por el resultado y alegría por la entrega de su equipo. Piensa que puede presentarse como en un título de algún libro: “Miren: soy Javier”.

“Hoy no pudo ser”, dijo con genuina pena. “No pudimos dar una noche más de alegría, pero aprovecho para dar las gracias al pueblo mexicano, estos cinco partidos serán inolvidables.

“Sé que este fue mi último partido de entrenador de la selección, de eso no tengo duda. Me despido del estadio Azteca con mucho sentimiento, porque aquí viví parte de los momentos más importantes de mi carrera en el futbol”, expresó el Vasco.

“Por una parte estoy muy orgulloso por esta familia que logramos encontrar, pero cuando uno pierde, uno no termina de superarlo. El éxito es un camino lleno de errores que hay que superar, hay que ir de fracaso en fracaso, pero sin perder el entusiasmo hasta llegar adonde uno quiere.

“Sería injusto de mi parte señalar algo individual que costó la derrota; lo atribuyo que en las grandes ligas hay que hacer un juego perfecto para ganarle a Inglaterra. Esos dos goles en el primer tiempo afectaron mucho. En el medio tiempo había mucho ánimo y confianza en que se podía remontar; luego llegó el tercer gol, intentamos variantes pero estábamos frente a un equipo muy sólido”, concluyó.


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