EL PAÍS. Varios costales de rafia abandonados junto a la carretera anunciaban el último golpe del crimen en Juan R. Escudero. Cuando las autoridades llegaron, constataron que se trataba de restos humanos. Al principio pensaron que eran de tres personas. Luego, cuando contaron bien, vieron que se trataba de cuatro. De tres aún no se sabe demasiado, pero de uno sí. Los restos hechos pedazos del cuarto habían correspondido en vida al soldado de la Guardia Nacional Eduardo Bustos. Las autoridades locales asumen que criminales lo levantaron y asesinaron. Antes de morir, Bustos había grabado un vídeo en que dibujaba las presuntas corruptelas de la corporación en la región.
Los restos de Bustos aparecieron el sábado por la mañana a la altura de la comunidad Plan de Lima, no muy lejos de la cabecera municipal del municipio, en la sierra que separa Acapulco de Chilpancingo, la capital de Guerrero. El vídeo explosivo sobre los presuntos nexos de sus superiores con el crimen organizado había empezado a circular justo entonces en redes sociales. La Fiscalía de Guerrero informó del hallazgo el mismo sábado y dijo que el “integrante de la Guardia Nacional fue obligado a realizar declaraciones relacionadas con los operativos y acciones de seguridad implementados en la entidad”. Fuentes cercanas al caso señalan a EL PAÍS que ni Bustos ni las otras tres víctimas tenían denuncias por desaparición.
Las mismas fuentes rechazan las denuncias de Bustos precisamente por la coacción que presuntamente sufrió. El soldado, adscrito a la Guardia Nacional, parte de la Secretaría de la Defensa Nacional, era originario de esa zona de Guerrero y pasaba allí unos días de vacaciones. En su comunicado del sábado, la Fiscalía estatal sugiere que los mismos criminales que lo mataron se lo llevaron antes, y le hicieron grabar el vídeo. En las imágenes, grabadas en un cuarto vacío, en obra negra, Bustos dice que estaba destinado en el poblado del Ocotito, no muy lejos de Juan R. Escudero, apenas unos kilómetros al norte, camino a Chilpancingo.
El vídeo dura poco más de ocho minutos. Bustos explica que estaba adscrito a la coordinación 37ª de la Guardia Nacional, destinado en el poblado de Ocotito. Especializado en actividades de investigación, desde allí realizaba seguimiento a grupos criminales de la región. “Me asignó mi inmediato superior, el cabo Medina, para vigilar al grupo de Los Ardillos, en Jaltianguis”, explica, en referencia a un poblado un poco más al sur. Los Ardillos son uno de los grupos criminales más fuertes del centro de Guerrero. Tienen su feudo en Quechultenango, al noreste de Juan R. Escudero. Desde hace años, mantiene una pugna con otros grupos criminales, principalmente Los Tlacos, por el control de la actividad económica en la región y las rutas serranas.
Bustos empieza enseguida a explicar que “su superior”, Medina, y otros integrantes de la cadena de mando institucional en la región están en la nómina de Los Tlacos, que tienen su feudo en Tlacotepec, cabecera municipal del municipio Heliodoro Castillo, en la vertiente nororiental de la misma sierra. “Medina está con Montoro, de delitos graves [supuestamente de la Fiscalía estatal]. Y ellos dos están a órdenes de Los Tlacos. Ellos les ordenan a la Guardia Nacional, a Los Verdes”, explica. Esa última referencia apunta al Ejército, por su uniforme color verde olivo. Bustos dice que recopilaba información, “tomar fotografías, mapear, georreferenciar”, y luego se la mandaba a sus superiores. “Y ya ellos le daban parte a Los Tlacos”.
Bustos dice que Los Tlacos le pagan 100.000 pesos a la quincena, unos 6.000 dólares, a estos dos funcionarios. Y añade que los pagos no se quedan ahí. Según su cuenta, este grupo paga igualmente a mandos del Ejército por información y por realizar sus actividades tranquilamente. “Los generales de ahí de Chilpancingo, de la zona, el de Mena y el de Ocotito, están recibiendo un sueldo neto de 200.000 o 300.000 pesos a la quincena”, explica. En un comunicado, la Secretaría de la Defensa (Sedena) informaba el domingo del hallazgo del cuerpo de Bustos y se hacía eco del vídeo divulgado en redes, pero evitaba comentar su contenido.
Sedena añadía que “estos actos de violencia se presentan en un contexto de importantes afectaciones a los grupos delincuenciales derivadas de las actividades realizadas por las autoridades durante la presente administración, particularmente en los últimos meses”. La dependencia y la fiscalía estatal han informado además del resultado de un operativo en los poblados de Pablo Galeana, Río Verde, Xaltianguis, además de Acapulco, vinculado al hallazgo de los cadáveres. Las autoridades detuvieron a 16 integrantes de Los Ardillos, entre los que destacaron a su “operador financiero”, y aseguraron 12 armas de fuego, más de 36.700 cartuchos, 17 dosis de metanfetamina, 10 máquinas tragamonedas, dos motocicletas y un vehículo.
En el vídeo, Bustos da un ejemplo del tipo de actividades que realizaban, en la lógica de presunto apoyo a Los Tlacos. “Apenas tuvimos un operativo que armó el cabo Medina en conjunto con la Guardia Nacional, la FERI (Fuerza Especial de Reacción e Intervención) de la Guardia Nacional, con el propósito de acabar, exterminar o detener a los líderes de ahí del poblado de Xaltianguis, con el propósito de darlos de baja”, dice. “Porque ahí los del poblado de Xaltianguis, que son Los Ardillos, no colaboran con el gobierno ni con Los Tlacos, son muy independientes. El objetivo de Los Tlacos, Medina y Montoro es acabar con ellos para que Los Tlacos tomen el control de todo Juan R, Escudero y Xaltianguis. Su próximo objetivo sería Acapulco”, zanja.
Bustos implica en la red de complicidad de Los Tlacos a uno de los cuadros estatales de Morena, partido que gobierna el Estado, de la mano de Evelyn Salgado, hija del veterano político regional Félix Salgado. Se trata de Jacinto Barona. “Está con Los Tlacos. Lo sé porque estuve de escolta un mes y le secuestraron a una trabajadora”, explica. Los secuestradores fueron supuestamente los integrantes del grupo de Los Ardllos, de Xaltianguis. “Y él dijo que no iba a parar hasta que acabara con Los Ardillos de allí, de Xaltianguis”, zanja.