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La inteligencia de la zarigüeya

Por: Patricia Garcés
2020-05-01 20:57:46
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Soundtrack para esta columna: “La primavera” de Hombres G.

“La Primavera, llega con dificultad
Pero huele a hierba
Y en las aceras, puede sentirse
Hay un cierto olor
Hay un cierto olor a amor
Hay un cierto olor a amor en la ciudad”

 

Me había resistido un poquito a escribir porque no quería hablar de lo mismo, pero pues de que más vamos a platicar que de lo que se vive en este momento, ¿verdad?

Resulta que de un día para otro la vida nos cambió a TODOS y a TODAS, las cosas se pusieron de cabeza y ahora estamos experimentando una nueva “normalidad”.

Más allá de los cambios en torno al trabajo, la escuela, las compras, nuestra rutina, ¿Cómo les va de salud mental? Yo les cuento que las primeras dos semanas de todo este rollo hice lo que acostumbro a hacer cada que tengo un problema enorme frente a mí: me convertí en zarigüeya. Así es, no me da pena admitir que cuando llegan a mi vida situaciones muy fuertes que de entrada no puedo manejar, me hago la “muerta”, es decir, me paralizo. Me imagino ahí  tirada en el suelo y me niego a levantarme mientras analizo las mil maneras en las que el asunto va a salir mal, entro en pánico, se me va el aire, mi mente corre sin parar tratando de encontrar una solución, el corazón se me acelera y mi viejo amigo el insomnio vuelve sin falta a visitarme, solo que ahora se trajo una  invitada: cuando si duermo, tengo pesadillas.

Mientras tanto, se supone que tiene uno que seguir “funcionando”, con más razón si eres responsable de mantener a otro ser vivo. Entonces, mientras me hacía la zarigüeya tuve que seguir cocinando, conversando, trabajando dentro de casa, haciendo la compra con las debidas precauciones, etc. Pero en mis ratos “libres” me negaba a hacer casi nada aparte de estar tirada en el sillón leyendo, esto, para evitar que mi cabeza se fuera a lugares nada deseables. Entonces, vi surgir un fenómeno que de entrada me pareció curioso, días después me encontré con el podcast de Brené Brown, “Unlocking Us” y entendí un poco más la situación que a continuación describiré: los que ya eran activos en redes sociales (haciendo “lives”, charlas, etc.) se volvieron MAS activos, algunos que no lo eran tanto, rápidamente comenzaron a integrarse dando cursos de diversas cosas para las que son buenos, leyendo en voz alta, ofreciendo sesiones, dando horas y horas de clases online, etc. También hubo quién desde el día uno le pudo dar la vuelta a su negocio y comenzó a ofrecer productos “ad hoc” a la situación generando efectivo y satisfaciendo una nueva necesidad.

Dice Brené Brown que la ansiedad provoca que las personas reaccionemos de diferente manera, algunos seres en momentos de crisis comienzan a “funcionar” muy por arriba de la media mientras que otros bajan su nivel de productividad. Yo, antes era de las primeras y no sé en que momento pase a ser de las segundas…ups. Como buena zarigüeya, comencé a enfadarme un poco con todo esto, me sentí “presionada” a dar una respuesta a la altura. “¿Por qué no eres una persona “normal”?” me pregunte mil veces, pero siendo humildes y simplificando las cosas, ahora me doy cuenta que lo que se ve “allá afuera” no es más que la ansiedad haciendo de las suyas.

En estas semanas, las cosas han cambiado. Resulta que los espacios que teníamos diseñados para el “descanso”, para darnos un “break” del mundo exterior ahora los tenemos que usar para ser productivos. Algunos estamos trabajando al 100% desde casa, estudiando, haciendo tareas, ejercicio, esto, sumado a todas las cosas que ya hacíamos antes en nuestro hogar: limpiar, cocinar, organizar, atender a otros, etc. ¿No les parece demasiado?

Además, ahora al entrar a redes sociales, actividad que utilizábamos antes la mayoría de nosotros para “despejarnos”, nos topamos a quienes funcionan por arriba de la media a mil por hora ofreciéndonos tantas opciones o compartiéndonos de manera diaria sus “súper logros”, súmenle los memes que dicen que durante una pandemia alguien invento la rueda y que si no sales de esta con un libro publicado, hablando japonés o con un nuevo descubrimiento científico eres poco menos que un pendejo o una pendeja y  agréguenle las “fake news”. ¡Óiganme no!

Lo que está pasando es algo fuertísimo y no seriamos humanos si no reconociéramos que estamos confundidos, que nos sentimos agotados, que tenemos miedo, angustia, incertidumbre, ansiedad y síganle ustedes con la lista de estas bonitas emociones porque me estoy quedando corta. Nadie, absolutamente ninguno de nosotros estaba preparado para algo así, por mucho que algunos digamos que teníamos toda la vida en entrenamiento para esto, porque “esto” es mucho más aterrador que cualquier realidad alterna que pudiéramos haber imaginado, porque ahora si siento que me puede tocar la tragedia a mi o a alguno de mis seres queridos y ante esta posibilidad, estamos completamente indefensos.

La sensación de que se avecina algo malo a muchos de nosotros nos impide funcionar al 100%, y cosas que antes no se nos dificultaban pueden traernos en este momento grandes retos. Veo que algunos maestros se quejan de que los estudiantes no están prestando la suficiente atención a las clases virtuales, ni hablar de las madres y padres que tienen peques en edad escolar que están ahora de alguna manera llevando esa carga académica junto con sus críos, lo que se nos pide es poco menos que imposible: un “business as usual” cuando nada, absolutamente nada de esto es normal. Cuando estamos en modo supervivencia el cerebro en realidad no da para tanto.

Entonces, viendo lo visto, yo les propongo un concepto que hasta hace poco me era desconocido: seamos compasivos con nosotros mismo: tengámonos paciencia. Si todo lo que pudiste hacer el día de hoy fue funcionar al 30% de tu capacidad se vale, si necesitas desconectarte de redes sociales, ignorar esa invitación de verte con alguien por zoom, dormir mucho, echarte 3 maratones seguidos de series en tu plataforma favorita simplemente para no pensar, dale. Date el permiso. Seremos productivos de nuevo cuando estemos listos. Mientras tanto, por favor, manténganse a salvo.

Y así las cosas.



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Patricia Garcés

Reynosense. Licenciada en comercio internacional. Madre. #HomeSchoolMom. Sí, soy una de "esas feministas". Molestando a la humanidad desde 1976. Me gustan los perros y no entiendo la obsesión de las personas por los gatos, nunca me han dado confianza. 

Correo electrónico: pat1228g@gmail.com

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