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Crítica: "El Nuevo Orden" de Michel Franco

Por: Administración
2020-10-23 15:54:56
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Luego que cuestioné a Michel Franco sobre el término whitexican y cómo muchos han reprochado que en sus películas hay repartos integrados, en su mayoría, por personas de piel blanca, la polémica estalló. El video de su respuesta, que implícitamente acusaba el racismo inverso, se viralizó. Las redes sociales echaron abajo todavía más el estreno de su largometraje Nuevo Orden.

Sin embargo, cancelaciones aparte, la obra del cineasta oriundo de la Ciudad de México se llevó el León de Plata Gran Premio del Jurado del 77 Festival de Venecia. Y compitió por el León de Oro contra la sorprendente Nomadland, película que se llevó el galardón y que ya apunta al Oscar de la Academia.

El filme de Michel Franco fue sumamente laureado en Venecia. En especial por la actriz Cate Blanchett, quien ofreció su apoyo, según Franco, para impulsarla en distintas competiciones internacionales.

¿DE QUÉ VA?:

Ciudad de México, 2021: la brecha entre clases sociales es cada vez más marcada. Una boda de la alta sociedad es interrumpida por un grupo de alborotadores armados y violentos que forma parte de un levantamiento aún mayor de los desfavorecidos, quienes toman como rehenes a los participantes.

LO BUENO: SU PRODUCCIÓN

Nuevo Orden es una película que se distancia de toda la filmografía mexicana. Es un largometraje con una producción poderosa que se distingue del resto de los ejercicios nacionales porque apunta a un tema escasamente abordado: el futuro distópico de México.

Pese a que otros filmes se aproximaban a dicho tema, como la prodigiosa Cómprame un revólver (Julio Hernández Cordón, 2018), en Nuevo Orden la producción juega un papel importante ya que se asemeja al carácter fantasioso de las cintas hollywoodenses.

Con recursos del Estímulo Fiscal a Proyectos de Investigación en la Producción y Distribución Cinematográfica Nacional (Fidecine), la película de Michel Franco no escatima en presentarnos escenas de un México caótico.

Un Ángel de la Independencia casi en ruinas, los puentes vehiculares del Estado de México controlados por bandadas militares y un sistema dictatorial que sanitiza a los ciudadanos (vaya ironía de estos tiempos) son algunos elementos ilustrativos que Franco expone en su futuro distópico.

Se agradece que exista una propuesta de este tipo, en la que a pesar de tener suficientes efectos vistosos el enfoque de la cinta es lo significativo de su discurso y la reflexión que busca trabajar en los espectadores.

Por esta razón, lo que más me gustó de Nuevo Orden es su aproximación al caos de la sociedad mexicana. La forma en la que se instaura esta dictadura futurista que mucho se asemeja a otras iniciativas del cine de Hollywood.

Esta clase de golpe de Estado futurista mexicano se equipara demasiado, y visualmente, al presentado por Neil Druckmann en The Last of Us. En su videojuego, el director creativo propone el surgimiento de pandillas paramilitares, entre ellas las Luciérnagas.

Pues bien, en Nuevo Orden se muestran elementos, con un estilo visual al propuesto por Druckmann, a la interpretación abierta que tratan de probar cómo sería una dictadura moderna. En la cual, seguramente, habría disidentes.

Michel Franco revela la podredumbre de los seres humanos a consecuencia del dinero, y muestra el conflicto que existe como consecuencia de la división de clases. El cineasta se reserva y filma la socavación de la dignidad humana a costa del enriquecimiento.

Lo anterior hasta el punto de explosión, cuando la clase dominada rompe sus cadenas ideológicas y estalla contra sus dominantes. Un discurso parecido al presentado por Matt Reeves en El Planeta de los Simios.

Además, no puedo negar que Nuevo Orden es una cinta que también se aleja de la filmografía del propio Franco. Ya que su ritmo trepidante y la intriga que construye alrededor de los acontecimientos consiguen un buen gancho en el interés del espectador.

LO MALO: SU ESTIGMATIZACIÓN

Hay que decirlo: aunque Michel Franco no lo haya hecho conscientemente, su largometraje estigmatiza visual y discursivamente a los pobres y a todos los disidentes de la derecha mexicana.

Incluso, esta estigmatización es agresiva porque los muestra como seres salvajes, violentos y rencorosos, un prejuicio y miedo constante de la derecha mexicana. Es decir, Nuevo Orden es la materialización de las pesadillas absurdas de la derecha mexicana, recientemente expresada en movimientos como FRENAAA y afines.

En Nuevo Orden, la explosión de los sectores pobres es filmada bajo un pálido filtro de odio, desvergüenza y violencia. Con lemas como “Putos ricos” y “ni una más”, pareciera que la cinta nos señala que estos movimientos son peligrosos, dañinos y violentos.

Casualmente, en el largometraje, el color estandarte de estos humanos salvajes es el verde, el cual se asocia al movimiento feminista Marea Verde. Esto podría sembrar en el espectador una especie de prejuicio y odio hacia los y las manifestantes que hoy día marchan por sus propias causas.

¿Afecta esto la calidad de la cinta? Lamentablemente sí. Nuevo Orden se aísla de elementos verosímiles para caer en el barato escándalo de una sociedad salvaje. Los pobres vengándose de los ricos en un México sin orden.

En otras palabras, la obra de Franco es más bien, por momentos, una exageración política que una película distópica en sí. Un miedo exacerbado al comunismo o los gobiernos latinoamericanos y una indirecta crítica a la administración de Andrés Manuel López Obrador (AMLO).

Todo esto cansa por su continua estigmatización. Se deja a un lado el por qué de las cosas para concentrarse en el qué. Importa más el rencor violento de los pobres hacia los ricos que el proceso de revolución y caos.

Por ello Nuevo Orden también cojea por sus excesivos huecos argumentales que producen confusión en el espectador. Sin inicio ni final en su historia, la obra de Franco rompe su coherencia a lo largo de su duración, lo que también destruye su ritmo.

Fuente: Carlos Ramírez / Reporte Índigo