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¡Ya acábate 2020!

Por: Patricia Garcés
2020-12-22 14:53:38
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Soundtrack para esta columna: “Cuando nadie me ve” Alejandro Sanz
“¿Por qué es tan difícil vivir? sólo es eso
Vivir, sólo es eso... ¿Por qué es tan difícil?”

¡Ya acábate 2020! Ese parece ser el clamor de todos desde marzo de este año, los seres humanos somos muy simpáticos, creemos que una vez que termine el año por arte de magia las cosas mejoraran o que podremos dejar atrás lo que ha pasado con mayor facilidad.

De alguna forma si ponemos distancia entre determinado evento y nosotros parece que duele menos: “Mi papá murió en 1977”, “Mi relación de 22 años terminó en el 2018” ¿Es así? ¿Duele menos? Decir que “el 2020 fue uno de los años más duros para muchos de nosotros” ¿dolerá menos si lo decimos en octubre del 2020 o en octubre del 2022? Sin duda el tiempo da perspectiva, pero el dolor es el dolor y pienso que hay que honrarlo.

No me gusta diciembre. Ay, lo dije. No me gusta la Navidad, las aglomeraciones, el tráfico, la energía de muy baja vibración que siento por todos lados, el consumismo, la premura, las reuniones forzadas con la familia, las críticas que inevitablemente se reciben en dichas reuniones, el sentir que tengo que estar con personas con las que no quiero estar por llenar una expectativa aunque esa expectativa nunca se llena: nunca seré lo suficientemente buena, lo suficientemente exitosa, lo suficientemente delgada, lo suficientemente coherente, lo suficientemente amorosa a ojos de personas con las que comparto lazos sanguíneos y no mucho más.

Diciembre me aterra, me desgastan los conteos, las listas interminables, el enumerar mis Bendiciones, lo que tengo y lo que no tengo, cerrar el año con gente a la que quiero y no tener ni idea de si el próximo año estarán conmigo o no me genera un nivel de angustia inexplicable, un gran dolor anticipado.

Me dan ganas de meterme en la cama y no salir en todo el mes. Wake me up when decembre ends. Este año especialmente llegar a diciembre se siente como un logro extraordinario, tenemos este privilegio por encima de muchos que no lo alcanzaron ya.

Hemos tenido unos meses brutales, donde una cantidad de cosas nos han golpeado una y otra vez. Me atrevo a decir que todos hemos perdido algo este 2020: un amor, un ser querido, un trabajo, salud física, bienes materiales, salud mental, el cuerpo de gym que me costo años alcanzar. Para algunos ciertas cosas serán mas superficiales que otras, pero las perdidas señoras y señores son las perdidas.

A muchos el 2020 los agarro mejor parados que a otros. Yo, vengo de un par de años brutales, de verdad desgarradores. No sé ni como sigo aquí y esta pandemia, bueno, no me encuentra en mi mejor momento. Ya se que las personas nunca estamos preparadas para estas cosas, pero hay de situaciones a situaciones, de círculos de apoyo a círculos de apoyo.

Este año a mí también me ha tocado perder, como no. Y no, no les voy a dar una lista de TODO lo que me ha pasado entre enero y diciembre, pero digamos que varios eventos se llevan el podio de honor: mi ataque de pánico se lleva triunfante el primer lugar, un orgulloso segundo se lo llevan un par de situaciones en un honroso empate que no ventilare aquí porque hasta yo tengo mis límites (aunque usted, no lo crea) y el tercero la perdida de un par de amistades, relaciones largas con dos mujeres muy especiales en mi vida cuyo final no vi venir y que me ha dolido profundamente, de eso si que les quiero hablar un poco más.

A mí ese asunto de soltar no se me da. Me cuesta mucho dejar ir y en el caso de mis relaciones personales ni se diga. Soy muy bruta para ciertas cosas, doy oportunidad tras oportunidad y más cuando estamos hablando de mujeres que me han acompañado por años y años, pero ahorita el horno no está para bollos. No puedo estar para quién no está para mí. No puedo recibir basura de alguien más porque con la mía me basta y me sobra. Y si, es decepcionante sentir que mujeres para las que has estado ahí muchas, muchas veces (con todo y mis fallas, que tampoco soy perfecta) cuando llega el momento no saben estar para ti o peor, te tiran sin consideración, te dan un golpe bajo sin tener la cortesía de preguntarte o preguntarse si estás en condiciones de recibirlo.

Y es bien triste tener que “agarrar mis chivas” e irme. ¿Qué se hace con los años de historias? ¿A dónde se van mis secretos? Siento que me muero un poco, desaparecen con ellas tantas cosas mías, cosas que sólo sabíamos ellas y yo. ¿Y cómo se le llora a una amiga que no esta muerta pero que ya no puedes tener en tu vida? ¿Qué se hace con eso? ¿Cómo llevas ese duelo? Se de qué manera superar a una ex pareja pero ¿a una amiga? No hay referencias culturales para manejar eso y no es como que va a llegar otra a ocupar su lugar porque eso es imposible. Este vacío ya no hay manera de que se llene nunca más. Este hueco se va a quedar aquí, para siempre.

Están en mi pasado, y ya no estarán en mi futuro. Cuando pienso en ciertos momentos significativos de mi vida ahí las veo. Es muy difícil.

Dice David Kessler (especialista en duelo, alumno de la gran Elizabeth Kübler-Ross) que la sexta etapa del duelo es encontrar significado en lo que ha pasado. Yo aún estoy lidiando con las cinco etapas anteriores del duelo. No sé cuánto tiempo me tomará llegar a encontrarle significado a perder personas importantes en mi vida. Por el momento me pongo a mí como prioridad, no quiero mantener relaciones que ya no son sanas, deseo darle primera plana a mi autocuidado.

En fin, ¿felices fiestas?

Y, así las cosas.



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Patricia Garcés

Reynosense. Licenciada en comercio internacional. Madre. #HomeSchoolMom. Sí, soy una de "esas feministas". Molestando a la humanidad desde 1976. Me gustan los perros. Nueva Karen por culpa de Ginger.

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