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Telescopio James Webb revela origen de enigmáticos puntitos rojos que parecen estrellas

Por: Administración
2026-01-15 23:26:41
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NATIONAL GEOGRAPHIC. Un simple puñado de píxeles escarlata flotando en la negrura del cosmos puede llegar a desestabilizar nuestras teorías más consolidadas. Así ocurrió en 2023, cuando el telescopio espacial James Webb detectó una población desconcertante de cuerpos celestes: diminutos puntos rojos perdidos en la vastedad del universo primitivo, cuya presencia era tan improbable como encontrar un reloj atómico entre herramientas de piedra.

Estos cuerpos, bautizados como little red dots (pequeños puntos rojos), aparecían a distancias tan lejanas que su luz había tardado más de 12.000 millones de años en alcanzarnos. Y, sin embargo, mostraban rasgos que desafiaban la lógica: eran compactos, intensamente brillantes, y su espectro luminoso sugería una madurez impropia de un universo que apenas acababa de despuntar. ¿Eran galaxias gigantes fuera de escala? ¿Errores instrumentales? Ninguna explicación cuadraba… hasta ahora.

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Agujeros negros supermasivos

Un nuevo estudio, publicado este miércoles en Nature y basado en los datos espectroscópicos más precisos del telescopio James Webb, ha despejado la niebla de incertidumbre. Lo que se creía que eran galaxias hiperdensas resulta ser algo aún más fascinante: agujeros negros supermasivos en plena juventud, envueltos en capullos de gas ionizado que camuflan su verdadera naturaleza. Un tipo de entidad cósmica que nunca antes habíamos detectado tan temprano en la historia del universo.

Los investigadores descubrieron que las líneas espectrales anchas que emiten estos puntos rojos no son generadas por estrellas, sino por un fenómeno más exótico: la dispersión de electrones en una nube densa de gas ionizado. Este efecto da a las líneas un perfil ancho con un núcleo estrecho, lo que indica la presencia de objetos extremadamente compactos (tan compactos que solo pueden ser agujeros negros). Al analizar estas líneas, el equipo concluyó que estas masas oscuras tienen entre 100.000 y 10 millones de veces la masa del Sol, dos órdenes de magnitud por debajo de lo estimado anteriormente.

Implicaciones

Este descubrimiento reconfigura nuestras ideas sobre el nacimiento y la evolución de los agujeros negros. Hasta ahora, los científicos debatían si estos colosos del espacio surgían de la fusión progresiva de objetos menores o si nacían ya con tamaños formidables. Verlos en sus primeras fases de vida (acreciendo materia casi al límite de lo posible) podría ser la clave para desentrañar ese misterio. "Nuestros resultados indican que estamos observando agujeros negros supermasivos en una etapa temprana de su existencia", ha explicado Ivan Rusakov, autor principal del estudio. “Quizá estemos viendo cómo nacen”.

Además, el entorno en el que habitan estos pequeños puntos rojos revela un universo mucho más activo y caótico que el actual. En aquella época (cuando el cosmos apenas tenía un 5% de su edad actual) abundaba el gas frío, materia prima ideal para formar estrellas y alimentar a los recién nacidos agujeros negros

Su relativa desaparición cuando el universo alcanza un 15% de su edad sugiere que atravesamos una fase corta pero intensa de crecimiento cósmico, una primavera galáctica que solo el James Webb ha logrado observar con esta claridad.

Curiosamente, estos objetos apenas emiten rayos X o señales de radio, lo que los hace aún más difíciles de identificar con los telescopios convencionales. Pero esto, en lugar de contradecir la hipótesis del agujero negro, la refuerza. Esa falta de radiación se explica por la enorme densidad del capullo de gas que los envuelve, que absorbe y reemite la energía de formas que confunden su huella electromagnética. Es precisamente ese velo lo que ha disfrazado su identidad durante tanto tiempo.

Este hallazgo no solo ilumina un capítulo poco comprendido del universo temprano; también abre una ventana a las grandes preguntas que siguen sin respuesta. ¿Cómo se forman los agujeros negros supermasivos tan rápidamente? ¿Qué condiciones únicas existían en ese universo naciente que permitieron su creación? Rusakov y su equipo creen que estos pequeños puntos rojos podrían conservar pistas químicas o estructurales que ayuden a responder esas cuestiones. Como fósiles brillantes flotando en el abismo del tiempo.


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