LA JORNADA. El presidente de Rusia, Vladimir Putin, llegó la noche de este martes a Pekín, donde tiene previsto reunirse este miércoles con su “viejo y buen amigo” como llama a su homólogo chino, Xi Jinping.
Antes de aterrizar en la capital de China, Putin difundió a través de los medios de comunicación de ambos países un mensaje de video grabado, en el que destaca “el nivel sin precedentes” alcanzado por la relación entre Moscú y Pekín desde que ambos países proclamaron hace cuatro años su “amistad sin límites” y “cooperación sin áreas prohibidas”.
Sostiene Putin: “su carácter especial aflora en un ambiente de comprensión mutua y confianza, en la disposición a cooperar sobre una base de beneficio recíproco e igualdad de derechos, de mantener un diálogo respetuoso, de ofrecerse respaldo en asuntos que tienen que ver con los intereses más importantes de ambos países, incluyendo la defensa de la soberanía y la integridad del Estado”.
Para el titular del Kremlin, “Rusia y China miran con confianza hacia el futuro y desarrollan con intensidad sus contactos en materia de política, economía y defensa, amplían sus intercambios humanitarios, estimulan la comunicación entre las personas. En otras palabras, hacen juntos todo lo que sirve para ahondar la interacción bilateral e impulsar el desarrollo multifacético de nuestros Estados”.
El líder ruso afirmó que “los estrechos nexos estratégicos” de Moscú y Pekín son “un factor estabilizador en el ámbito mundial” y subrayó que su amistad “no va dirigida contra nadie, sino trabajamos en aras de la paz y el florecimiento de todos”.
Putin terminó sus palabras con optimismo: “Estoy convencido de que juntos haremos todo lo posible por ensanchar la asociación ruso-china y la buena vecindad para el desarrollo dinámico de nuestros países y el bienestar de nuestros pueblos, en interés de fortalecer la seguridad y la estabilidad globales”.
La visita de Putin, que coincide con el 25 aniversario de la firma del Tratado de Buena Vecindad, Amistad y Cooperación entre ambos países, tiene lugar pocos días después de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, fuera recibido en Pekín, lo que Global Times, el diario oficialista chino que se edita en inglés, destacó por inusual en tan breve lapso y celebró que la capital del gigante asiático se convirtió en “epicentro de la diplomacia mundial”.
La agenda del jefe de Estado ruso, según informó la víspera a la prensa su asesor en materia de política exterior y seguridad, Yuri Ushakov, aparte de la reunión con Xi, que denominó “plática informal sobre los temas más apremiantes de la actualidad”, incluye una ronda de negociaciones ruso–chinas con delegaciones (39 personas, entre funcionarios públicos y empresarios, forman la comitiva de Putin), un encuentro con el primer ministro chino, Li Qiag, y varios actos protocolarios.
Ushakov adelantó que se prevé que Putin y Xi emitan una declaración conjunta para consolidar la asociación y cooperación estratégica entre Rusia y China, así como una declaración relativa a la necesidad de establecer un nuevo orden mundial y relaciones internacionales de nuevo tipo.
También, en presencia de los líderes como testigos de honor, habrá una ceremonia de firma de cerca de 40 convenios y memorandos entre ambos países.
Trascendió que uno de los propósitos de este viaje para Putin es tratar de convencer a Xi para que China empiece a invertir en el tendido del gasoducto Fuerza de Siberia-2, cuya construcción sigue paralizada ante la falta de entendimiento sobre el precio del gas que Pekín quiere pagar, equivalente a lo que cuesta el oro azul en el mercado ruso y no seis veces más caro como inicialmente pretendía Moscú.
Aunque la coyuntura parece ser favorable a Rusia, en opinión de expertos, no es claro que Putin pueda conseguirlo, pues Xi se mantiene firme y no da muestras de ceder, consciente de que sólo a precio de ganga puede comprometerse a recibir a partir de 2030 –en el supuesto de terminar la construcción en tan sólo cuatro años–los 50 mil millones de metros cúbicos de gas que proporcionaría anualmente ese gasoducto, porque su dependencia del combustible ruso llegaría a 40 por ciento, una cantidad que la dirigencia china, en los documentos del gobernante Partido Comunista, considera no recomendable.
La anterior visita de Putin a China tuvo lugar en septiembre de 2025 y se espera que el titular del Kremlin regrese a territorio chino en noviembre siguiente para participar en la ciudad de Shenzhen en la cumbre de la APEC, el foro de cooperación económica Asia-Pacífico.
Ejercicio de las fuerzas nucleares
Coincidencia o no, el ministerio de Defensa de Rusia anunció este martes que comenzaron “maniobras de gran escala de las fuerzas nucleares estratégicas para preparar y usar el arsenal atómico en condiciones de amenaza de agresión”, apenas un día después del ejercicio con el armamento nuclear táctico ruso emplazado en territorio de Bielorrusia.
De acuerdo con el comunicado castrense, van a participar los tres componentes de la tríada nuclear rusa: misiles balísticos intercontinentales, submarinos nucleares y bombarderos estratégicos.