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Graciela Iturbide es la primera fotógrafa mexicana en el Leica Hall of Fame

Por: Administración
2026-10-09 21:31:42
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AD. Graciela Iturbide es —con motivos de sobra— una de las miradas más importantes de la fotografía mexicana. Ha mirado a los comcáac en Sonora (seris) tanto como ha mirado a los mumbaikar en India, como se ha mirado a sí misma a través de las lentes de una cámara que, casi siempre, ha sido una Leica, lentes a los cuales se le deben algunas de sus fotos más icónicas. Ahora, Leica le devuelve la mirada y le otorga un lugar en el Leica Hall of Fame.

“Estoy muy feliz y agradecida de recibir este tiempo ya que Leica siempre me ha acompañado,” le cuenta en exclusiva al equipo de Architectural Digest México y Latinoamérica.

Concebida como una retrospectiva profunda, además del reconocimiento se realizará una muestra que celebra el galardón Leica Hall of Fame Award. Dicha exhibición reúne más de medio centenar de imágenes articuladas en cinco núcleos fundamentales: Juchitán (1979-1988), un retrato poético del pulso cotidiano en esta región oaxaqueña; México Clásicas (1974-2008); Pájaros (1987-1998); la atmósfera incontestable del Desierto de Sonora (1979); y el recorrido contemplativo de Viajes (1972-1994), que captura instantes suspendidos a través de Ecuador, Panamá, Argentina y Cuba.

El dúo icónico: Graciela y su Leica

La fotógrafa cuenta que entró al mundo de las imágenes en 1969 a través del cine, cuando decidió inscribirse en el entonces Centro Universitario de Estudios Cinematográficos. Por mucho que disfrutara de las imágenes en movimiento, pronto se dio cuenta de que una cámara de cine es mucho más pesada que una cámara de foto, por lo que optó por la segunda: una acompañante que puede llevar a cualquier lado.

De ese momento en adelante, no dejó de tomar fotografías y su Leica análoga de 35 mm sigue siendo su compañera más fiel y la que permite a la luz inmovilizar el movimiento que sus ojos ven en un rollo fotosensible que después revelará para compartir con el mundo.

La vuelta al mundo en 35mm

Si bien Graciela Iturbide ha sido experta en dar una mirada, a la vez cruda e íntima, de las distintas realidades en el territorio mexicano, sus ojos se posaron también fuera de él. Cargando rollos y cámaras, realizó trabajos tanto en India y en Madagascar como en Ecuador, atravesados por el hilo que une a todas sus fotografías: una sensibilidad aguda e imposible de replicar.

Sus fotografías adquieren vida propia una vez reveladas y se dedican a ser embajadoras de sus ojos en cualquier galería, muro o museo que las recibe como parte de una exposición. Ellas, como buenas voceras, dialogan con el público que las admira y crean una nueva forma de reinterpretar la realidad.

“Me encanta que mis imágenes viajen por el mundo. Yo interpreto la vida de una manera, pero cada persona que vea esas imágenes las interpretará según sus experiencias.”

Juchitán, tierra florida

El nombre del lugar que dio a Graciela algunas de sus fotos más espectaculares era una premonición. A pesar de ser una comunidad binnizá (zapoteca), su nombre proviene del náhuatl ixtaxochitlán o xochitlán, que significa “lugar de las flores blancas” y se convirtió para Iturbide en uno de los sitios que mejor han visto florecer su obra en blanco y negro.

De las diversas estancias de la fotógrafa en esta región del Istmo de Tehuantepec, Oaxaca nació Na’ Lupe Pan (1986), la fotografía que ha sido seleccionada como Leica Picture of the Year 2026 y le da la bienvenida al Leica Hall of Fame.

"Yo estuve muy cerca de Na’ Lupe Pan, ya que es la tía de Francisco Toledo. Es una mujer a la que admiro mucho," detalla en la entrevista.

Na’ Lupe Pan

De la mano del artista plástico Francisco Toledo, uno de sus amigos más cercanos y cómplice de su creación fotográfica, Graciela Iturbide recorrió Juchitán por todos sus caminos y conoció a las personas más importantes que aquí habitaban. Así llegó con Na’ Lupe Pan, la protagonista de la foto galardonada y un ícono de Juchitán porque es imposible que una mujer capaz de convertir un muro en un momento eterno no sea un personaje memorable dentro del lugar que la acompañó durante toda su vida.

“Yo seguí yendo muchas veces y [Francisco Toledo] siempre me cuidaba, me orientaba y aconsejaba con esa generosidad tan suya. Recuerdo que una vez me mandó con su tía Lupe Pan; así le decían porque hacía pan. Los istmeños son gente extremadamente amable y hospitalaria; entre las amistades que hice nunca faltó quien me invitara a quedarme en su casa. ”

Como una historia formada de un mosaico de piezas, cada una puede parecer aislada e individual, pero si vemos la imagen completa, podemos comprender que cada parte es importante para entender la totalidad del relato, así como cada hoja de contacto es indispensable para comprender la obra de Graciela.

"Yo, como fotógrafa, me sorprendo con la vida y voy tomando todo eso que me sorprende. Me encanta seguir fotografiando y lo seguiré haciendo el tiempo que pueda," concluye Iturbide.


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