EL SOL DE MÉXICO. El pequeño Totoro de peluche que llevó Kenichi Yoda, presidente de Studio Ghibli, para recibir el Premio Princesa de Asturias en Comunicación y Humanidades 2026 fue protagonista de la ceremonia que se realizó este viernes en el Teatro Campoamor de Oviedo, España.
Se vio a un efusivo Kenichi Yoda levantando el diploma y a Totoro luego que la princesa de Asturias, Leonor de Borbón, heredera al trono español, le entregó el reconocimiento para el mítico estudio japonés de cine fundado por Hayao Miyazaki e Isao Takahata.
Desde su fundación hace cuatro décadas, Studio Ghibli ha presentado más de una veintena de largometrajes, entre los que destacan “El viaje de Chihiro” (2001) y “El niño y la garza” (2023), premiados con el Oscar a mejor película de animación, o “La tumba de las luciérnagas” (1988), considerada su obra más adulta.
El jurado del Premio Princesa de Asturias resaltó de Studio Ghibli su animación artesanal, la sensibilidad de sus narraciones y sus temas que trascienden generaciones y fronteras. / Foto: EFE
Pero Totoro, de la cinta “Mi vecino Totoro” (1988), siempre ha ocupado un lugar muy especial entre los seguidores del Studio Ghibli y su aparición en la premiación conmovió al público.
El acta del jurado del Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades resaltó de Studio Ghibli su animación artesanal, la sensibilidad de sus narraciones y sus temas que “trascienden generaciones y fronteras”, así como su capacidad para transformar “excepcionalmente” la creatividad en conocimiento y comunicación.
El miércoles, en una rueda de prensa en Oviedo, Yoda dijo que aunque la animación “es mover a los personajes para que actúen”, la principal característica del estudio que preside son los instantes de silencio y contemplación que el propio jurado de los premios destacó en su fallo.
Recordó que cuando “La princesa Mononoke” (1997) comenzó a presentarse en el extranjero, desde Hollywood advirtieron a sus creadores de que había demasiados momentos de silencio y debían rellenarlos con música, algo que no ocurrió y que “el público aceptó”, lo que para Yoda prueba que hay muchos caminos para llegar al espectador.
Lo mismo ocurre con los temas que tratan sus películas, que, aunque se puedan presentar en contextos específicos, como el Japón de los años 50 en el caso de “Mi vecino Totoro”, tratan “la esencia del ser humano” y por eso “resuenan en todas las personas”.
Para Yoda, las obras de Ghibli son universales y tratan de abordar el mundo actual al tiempo que este avanza, con especial cuidado por el proceso de dibujo manual y sin mayor inquietud ante los avances de la Inteligencia Artificial (IA), que por el momento son “imprevisibles”.
En la actualidad, su futuro se presenta incierto debido a la avanzada edad de Miyazaki, algo a lo que Yoda no le dio gran importancia porque en el estudio se trabaja “todos los días” con el objeto de presentar nuevas creaciones.
“No tenemos planificaciones” a largo plazo, reconoció Yoda, quien destacó que Miyazaki, a sus 85 años, sigue dibujando a diario y que su hijo, Goro Miyazaki, también es director de animación y se encarga de diversas labores en la empresa, entre ellas de la gestión del Parque Ghibli, un parque temático que se puede visitar en la ciudad japonesa de Nagakute.
Además, Yoda valoró la contribución “de todos los creadores de Ghibli” y destacó que existen otros dibujantes y directores en el estudio al margen del veterano Miyazaki, como es el caso del animador Takeshi Honda, que acompañó al presidente en su viaje a Oviedo.