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Trabajadores del IMSS marchan por tercera vez por un alza salarial y contra la dirigencia sindical

Por: Administración
2026-10-31 22:20:51
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EL PAÍS. Las consignas se repetían casi con exactitud en ambas marchas, pero los dos contingentes han avanzado, la mayor parte de la tarde, en direcciones prácticamente opuestas. Es la tercera vez en solo un mes que los trabajadores del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) se lanzan a las calles de la capital ―y los Estados― para exigir un alza mayor en los salarios y la cabeza del secretario general del sindicato, Rafael Olivos, que tiene a las bases encima. Tras una primera marcha concurrida y una segunda protagonizada por la delegación capitalina, más descafeinada, la de este viernes ha pillado a los profesionales con buenos ánimos pero con las calles a medio gas. Apenas varios cientos de personas se han arremolinado a las puertas del Centro Médico Siglo XXI, a las tres de la tarde, para una de las citas; otros tantos han acudido a la convocatoria que partía, exactamente a la misma hora, desde Reforma. Unos y otros han confluido a regañadientes y entrada la noche en las puertas de Gobernación, pero la sensación de dispersión y de división entre las cabeceras ha bañado la jornada.

“Lo importante es la calidad de las personas. Los que somos líderes representamos a la mayoría”, justifica la baja afluencia Ricardo Joaquín González, pediatra jubilado, que ha acudido a la del sur en apoyo de sus compañeros más jóvenes. “Ha habido cambios, pero no son significativos”, opina él sobre las medidas implementadas hasta ahora. Los profesionales ya retirados destacan notablemente sobre los activos, que han tenido más complicado dejar sus puestos de trabajo para acudir a las marchas. También por solidaridad han acudido al llamado gentes de otros sindicatos, que ven reflejado en el del IMSS lo que pasa en los suyos. “Gangsterismo sindical”, lo define llanamente el electricista Mario Benítez, de 64 años, que charla con los representantes independientes del Metro capitalino, la Secretaría de Exteriores y el Senado. Todos ven en las protestas del sector sanitario la ventana para tratar de impulsar un cambio generalizado en el sindicalismo del país. “Tenemos que unirnos”, comentan entre sí.

La cabeza del sindicato del IMSS se lleva casi todos los dardos lanzados este viernes por la tarde. Olivos encadena varias decisiones fuertemente cuestionadas por las bases, como pactar una subida del 2,9% directo sobre el sueldo base ―0,7 por debajo de la inflación― o modificar los estatutos para contener las críticas internas. Una consulta a todos los sindicalizados ya tumbó el acuerdo salarial, que el Gobierno ha elevado hasta el 4% (más otro 4% en prestaciones), pero el vaso ya estaba a rebosar y nada va a compensar la férrea voluntad de que se vayan los actuales administradores, para la que están recabando miles de firmas.

El personal médico y de enfermería, el de las guarderías y las ambulancias, además de los empleados de la limpieza y los administrativos, llevan años reclamando más medicamentos, más y mejores equipos y más especialistas para un sistema que debe cubrir las necesidades de algo menos de 80 millones de personas. Encima de todo eso, está el cambio en el régimen de pensiones, que hace dos décadas dejó de ser público par ser gestionado por unas administradores privadas a través de cuentas individuales, que dependen de los ahorros de cada trabajador. El rechazo a las afores, como se las conoce, ya ha levantado en los últimos dos años a los maestros mexicanos, que corrieron la misma suerte junto con el resto de profesionales públicos.

El director del IMSS, Zoé Robledo, ha tratado de redirigir la situación con varias propuestas, y esta semana ha avanzado un plan con 12 acciones para los siguientes cuatro meses que implica un desembolso de 12.000 millones de pesos (unos 620 millones de dólares), entre la compra de material, las contrataciones y el programa para abatir el rezago. Este viernes, horas antes de que comenzaran sendas marchas, el titular ha dado el pistoletazo de salida en la distribución de los nuevos equipos médicos de alta tecnología. “Hace 3 días que presentamos el plan y empezamos a cumplir”, ha expresado.

“Tuvieron que pasar siete años de Zoé Robledo para que entendieran que nos hacen falta camas, que nos hacen falta médicos”, dice Rafael Soto, uno de los convocantes a la marcha del sur. El objetivo de esta cita, dice, es “mantener la lucha viva”. “Ellos están apostando por el desgaste y estamos demostrando que, a lo mejor somos un poco menos, pero ellos sí se están desgastando. Por primera vez Robledo ha reconocido la crisis real que está pasando el instituto”, desarrolla el líder social, que reconoce diferencias políticas con el contingente de Reforma. También del otro lado asumen las tensiones.

La mayor parte de los Estados han marchado desde la arteria financiera de la ciudad, mientras que en el sur se han congregado principalmente profesionales de la capital, presentes en ambas marchas. Los gritos iban, en cualquier caso, en la misma dirección y con los mismos nombres y apellidos. Al igual que Gadi Antonio Rode, enfermero capitalino de 47 años, muchos de los manifestantes atribuyen la menor afluencia a la intimidación y la amenaza de represalias. “Cada vez nos dan menos recursos y congelan más plazas. No cubren los ausentismos programados. No están basificando a mis compañeros que son sustitutos. No nos dan suficiente salario”, suelta de una carrerilla cuando se le pregunta qué le ha llevado a marchas. Antes, dice, sí se notaban las subidas en la nómina. Esta, que ya se ha aplicado con carácter retroactivo, no. “El tarjetón no miente”, dice sobre el documento donde aparecen las diferentes retenciones.

Unos metros más adelante, un grupo de jubilados que llega desde Tlaxcala opina lo mismo y añade: “¿Por qué no nos quiere el secretario [general, Rafael Olivos]? Por la experiencia que tenemos, por la forma en que hemos aprendido a defendernos y porque seguimos en pie de lucha". La exigencia es clara y tiene dos receptores: la presidenta, Claudia Sheinbaum, y el propio Olivos. Que se vaya él por su propia voluntad o que el Gobierno exija o fuerce su dimisión. El líder sindical es diputado suplente del partido gobernante. Ellos pueden, apuntan aquí y allá, quitarle el “blindaje” y dejarlo caer.


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