EL IMPARCIAL. Las presiones financieras de Petróleos Mexicanos (Pemex) y la Comisión Federal de Electricidad (CFE) están encontrando nuevas vías para desahogarse: la deuda reportada disminuye, pero aumentan las obligaciones con proveedores, los pasivos contractuales, los arrendamientos y otros compromisos fuera de balance.
Así lo advierte un análisis elaborado por los especialistas Víctor Gómez Ayala y Gerardo Ruíz para Casa de Bolsa Finamex, que identifica riesgos estructurales en ambas empresas estatales pese a los ajustes recientes en sus balances.
De acuerdo con el documento, que fue citado por Reforma, Pemex y la CFE continúan dependiendo de manera importante del respaldo fiscal de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público. Este apoyo incluye aportaciones de capital y estímulos al Impuesto Especial sobre Productos y Servicios (IEPS) para la petrolera, así como un subsidio tarifario de 79 mil millones de pesos para la empresa eléctrica. Esta última cifra supera más de tres veces la utilidad neta que la CFE obtuvo durante los primeros nueve meses del año.
El informe también señala que los resultados financieros de ambas compañías siguen sujetos a factores externos que no controlan directamente.
El diagnóstico de Finamex señala que la reducción formal de la deuda reportada por Pemex y la CFE no muestra toda la situación financiera. Aunque los balances oficiales presentan cifras más ordenadas, las presiones de liquidez y solvencia se están trasladando a proveedores y contratistas.
Este traslado incluye:
Para la industria y las empresas que abastecen a ambas compañías, esto puede traducirse en ciclos de pago más largos y mayores riesgos operativos. De esta manera, la cadena de suministro se convierte en un amortiguador financiero de las empresas productivas del Estado.
Pemex y la CFE continúan dependiendo de manera importante del respaldo fiscal de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.
La dependencia del erario federal no es nueva, pero su magnitud dimensiona el reto fiscal para el país. En el caso de Pemex, el respaldo se instrumenta mediante inyecciones de capital y estímulos fiscales vinculados al IEPS. Estas medidas buscan evitar que la petrolera enfrente dificultades ante sus compromisos internacionales y su carga fiscal histórica.
Por su parte, la CFE recibió un subsidio tarifario de 79 mil millones de pesos. El monto refleja el costo de mantener tarifas eléctricas estables para los usuarios finales y representa más de tres veces la utilidad neta acumulada por la empresa en el mismo periodo.
El análisis sostiene que, sin el flujo constante de recursos públicos, la viabilidad financiera de las operaciones eléctricas e hidrocarburíferas del Estado enfrentaría escenarios complejos.
Los reportes financieros más recientes enviados a la bolsa muestran la vulnerabilidad de Pemex y la CFE ante factores externos, entre ellos el tipo de cambio y los precios internacionales de los energéticos.
Pemex reportó una pérdida neta acumulada de enero a septiembre de 38.8 mil millones de pesos y un saldo negativo de 10.8 mil millones en el tercer trimestre. Con ello, revirtió la utilidad obtenida en el segundo trimestre, cuando se benefició del comportamiento de los precios del petróleo y de los márgenes de refinación.
La CFE informó pérdidas trimestrales por 23.3 mil millones de pesos entre julio y septiembre. Aunque en el acumulado a septiembre registró una utilidad neta de 1.4 mil millones de dólares, la cifra representa una caída de 80.0 por ciento frente a los 6.8 mil millones reportados un año antes.
Los analistas de Finamex detallaron que el precio del petróleo tuvo un papel importante en el desempeño de Pemex, mientras que la CFE enfrentó un cambio de contexto. El superpeso que había impulsado sus utilidades durante 2025 dejó de favorecerla y, en el tercer trimestre, tuvo un efecto negativo.
Durante ese periodo, la depreciación cambiaria generó:
Como resultado, las pérdidas trimestrales de la empresa eléctrica fueron más del doble que las de la petrolera.
El análisis reconoce que Pemex y la CFE mostraron avances en la estructura de sus balances. Ambas empresas redujeron la deuda de corto plazo y consiguieron perfiles de vencimiento más largos y ordenados.
Sin embargo, los especialistas de Finamex advirtieron que esa mejora convive con una dependencia estructural de los recursos públicos.
La mejora es real en el margen; la dependencia es estructural”, concluyen en el documento.
La situación financiera de Pemex y la CFE tiene efectos que van más allá de sus balances corporativos. Cuando las presiones económicas se trasladan a los proveedores, miles de pequeñas y medianas empresas que dependen de contratos gubernamentales pueden enfrentar problemas de liquidez que frenan la inversión y el empleo regional.
Además, la dependencia de los subsidios de Hacienda implica que una parte importante de los recursos fiscales se destine de manera permanente a respaldar al sector energético. Esto limita el margen de maniobra del gasto público en áreas como:
El diagnóstico de Finamex señala que el saneamiento financiero de Pemex y la CFE requiere más que contener la deuda visible y recibir recursos fiscales.
Entre los retos pendientes se encuentran:
El análisis plantea que estos elementos son necesarios para que la operación de ambas empresas tenga mayor estabilidad y para que la soberanía energética no dependa exclusivamente de la capacidad del erario federal para absorber sus presiones financieras.
El diagnóstico de Finamex señala que el saneamiento financiero de Pemex y la CFE requiere más que contener la deuda visible y recibir recursos fiscales.
Para seguir la evolución de Pemex y la CFE, conviene revisar no solo la deuda reportada, sino también los pagos pendientes a proveedores, los pasivos contractuales, los arrendamientos, los subsidios y el efecto del tipo de cambio en sus resultados.
Estos indicadores permiten identificar si la mejora en los balances se mantiene o si las presiones financieras continúan trasladándose a otras áreas de la operación y a las empresas que forman parte de sus cadenas de suministro.